Había una vez una niña, que vivía en Cuerva. La niña, no tenía muchos amigos, solo tenía unos juguetes que eran un poni, una vaquera y un oso de peluche. En Cuerva había una leyenda que decía que cuatro juguetes, cada mil años harían las cosas que hace un humano. La niña cuando se enteró quiso que sus juguetes cobraran vida. Y el día 24-09-2012 esos juguetes empezaron a transformarse. Entonces cuando estaban transformados del todo, despertaron a la niña y le dijo la vaquera:
-Sandra, somos los juguetes que cada mil años hacemos las cosas de los humanos. Pero sólo somos tres.
-Y eso ¿que más da?-dijo Sandra.
-Pues que hay otro juguete que quiere ser el único que se transforme y para eso pretende aniquilarnos -dijo la vaquera.
-Tranquila, os ayudaré.
Al cabo de tres días el otro juguete apareció. El juguete tenía una pistolas láser que había hecho juntado unos cables y funcionaba de verdad, además de un tornillo taladrador de huesos. El juguete era un robot con tres ojos y una boca verdes y de cuerpo metálico brillante. Tenía una dueña que estaba muy asustada porque ella era buena y era la que más veces se juntaba con Sandra aunque no eran del todo amigas. Pero Maite la "amiga" de Sandra estaba retenida, su robot le cortaba el paso y no podía irse. Los juguetes salieron a la calle a pelear. El poni, que corría mucho, pilló desprevenido al robot, le quitó las pilas y su dueña se las puso al revés. Ponérselas al revés haría que se volviese bueno. A las dos horas el robot se despertó y ya era bueno. Entonces, desde ese mismo instante, estaban los cuatro juguetes y Sandra tenía a Maite que se había convertido en su mejor amiga.
Cuando Sandra creció y tuvo hijos los juguetes fueron pasando de generación en generación y contaban esto como un cuento y lo titulaban "LA NOCHE QUE MIS JUGUETES COBRARON VIDA".
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