Érase una vez un perrito muy bonito de color blanco y tenía sus dueños que se llamaban Juan y Pepe.
El perrito tenía un problema: como ya no era un buen perro para las ovejas, le querían matar.
Esa misma noche el perrito se escapó y encontró unos dueños magníficos que se iban a quedar para siempre con él.
ADRIÁN
ADRIÁN
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